
Se ha sabido que el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación anunciará el relanzamiento del Canal Judicial. A propósito de ese relanzamiento quisiera reflexionar sobre algo que me ha intrigado desde que nació el Canal Judicial en 2006, bajo la presidencia del ministro Azuela: ¿se necesita este medio de comunicación?
Un primer punto que podría tratar es la conveniencia de que las sesiones de la Suprema Corte sean públicas, pues es una particularidad mexicana; en otras naciones los tribunales supremos y los tribunales constitucionales no discuten los asuntos en público. Este es un tema más extenso, que da lugar a una reflexión particular. Por tanto, no me meto, y parto de que así deben ser, pues es lo que indica la Constitución.
Dando por sentado que las sesiones son públicas, debo decir me parece bien que se transmitan. Acercan las discusiones a lugares lejanos. Cualquiera puede seguirlas. Soy un beneficiario constante de esta bondad del Canal Judicial. Desde hace trece años sigo todas las discusiones del alto tribunal, y me sirve mucho.
Ahora, el pleno de la Corte sesiona tres días a la semana durante tres horas cada uno. Nueve horas semanales de discusiones entre ministros. ¿Qué sucede con las ciento cincuenta y nueve horas semanales restantes? Hay programas de diversa índole, que buscan fortalecer la cultura jurídica. Me pregunto con total desconocimiento: ¿qué tanta audiencia tienen esos programas? Si es poca, como me imagino, ¿vale la pena que el Estado Mexicano gaste en toda la tecnología que se requiere, en el local del canal, y en los demás recursos necesarios para transmitirlos?
Pienso que podría conseguirse la gran bondad del Canal Judicial, la publicidad absoluta de las sesiones de la Suprema Corte, transmitiéndolas por Youtube, Twitter, Facebook Live, o por otras plataformas. Ahí pueden archivarse, para verse después, como ya sucede ahora. Dicho en términos del test de proporcionalidad, existen medios alternativos menos costosos para el Estado, para lograr la máxima publicidad de las sesiones de la Suprema Corte.
Sin embargo, puede existir una razón que justifique el gasto estatal en el Canal Judicial. Me gustaría conocerlas. Las que se me ocurren, como la expresión de la diversidad y pluralidad de ideas y opiniones que fortalezcan la cultura jurídica, me parece que pueden conseguirse a través de otros medios públicos. Pero puede haber más. Y, de verdad, quiero conocerlas para poder tener una mejor opinión, pues siento que puedo tener un parecer basado en puros costos y beneficios, y quiero profundizar más en el tema.
