En la Delegación Benito Juárez han cambiado las bancas de los parques. No porque fueran inservibles las existentes, sino para poner el logotipo de esta administración. El águila republicana con el gorro frigio ha dado pie ha sido sustituido. Ahora el logotipo de esta administración ha quedado forjado en hierro. Para que a nadie se le olvide en muchos años el paso de un señor al frente de la delegación desde 2015 y hasta 2018.
Hay ciudades con una tradición en el color de sus taxis: blanco los madrileños, negros los londinenses y amarrillos los neoyorkinos. En la Ciudad de México no existe esa tradición. Cada Jefe de Gobierno de la capital del país ha cambiado el color distintivo de los taxis. En los noventas eran blancos y verdes. En la gestión de Andrés Manuel López Obrador fueron blancos. Marcelo Ebrard los hizo pintar de dorado y guinda. Y Miguel Ángel Mancera de rosa y blanco. La pregunta es por qué imponerles esa carga a los particulares con una concesión. Para que lleven el logotipo del gobierno en turno.
La Constitución prohíbe la promoción personal de los funcionarios públicos. En los logotipos y colores representativos de cada funcionario se han encontrado resquicios por donde dejar huella personal.
Si el país tiene un escudo nacional, y la ciudad, los estados, las delegaciones y los municipios un escudo oficial, ¿por qué cambiarlo por el logotipo que representa a una administración en particular? En otros países no se cambian sus escudos oficiales cada vez que hay una nueva administración.
Hay que sumar el gasto de recursos públicos que representa en cambios de papelería, mobiliario, etc., lo que no respeta los principios constitucionales de economía, eficacia y eficiencia en el ejercicio de los recursos.
Propongo que se prohíba el uso de logotipos de administraciones en papelería oficial y en todos los bienes públicos muebles e inmuebles, de la misma forma que está prohibida la propaganda personal de los funcionarios públicos.
