Herejías constitucionales

Herejías constitucionales

El blog de José María Soberanes

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De acuerdo a la estadística de 2017 de los juzgados de distrito en materia administrativa de la Ciudad de México, el 48.98% de los amparos egresan por acuerdo, y el 51.01% de las demandas egresan por sentencia. 

Para entender ese dato hay que considerar la presión estadística que tienen los jueces. Si no egresan un porcentaje de asuntos caen en rezago y pueden ser sancionados por ineficaces. Por ello, deben buscar egresar como sea. Y lo más sencillo es hacerlo mediante un acuerdo, al inicio del juicio. De esta forma el asunto concluye rápido: no es necesario seguir todo el trámite ni dictar una sentencia que es más compleja que un auto. 

La estadística deja claro que la lógica judicial es buscar que una demanda tenga un motivo notorio de improcedencia, para desecharla. Así egresa el 13.61% de las demandas. De no existir este motivo, hay que buscar otra forma de que egrese rápidamente. Y la que han encontrado es pedir que se aclare la demanda. De esa forma, tienen un 34.3% de posibilidades de que no conteste o lo haga mal y pueda sacarlo teniéndola por no presentada. Es una posibilidad alta. Un tercio de las demandas que sobrepasaron la notoria improcedencia van a morir por pedir una aclaración. 

Hay ocasiones en que, efectivamente, la demanda es oscura e irregular. Pero la mayoría de las veces se exceden en formalismos. Esto no lo dice la estadística, sino la revisión de los autos iniciales. 

Por ejemplo, ante una demanda en la que se señaló al Congreso de la Unión como autoridad responsable una juez de distrito pidió al quejoso que aclarara “si se refiere al Congreso de la Unión integrado por dos Cámaras, una de Diputados y otra de Senadores” (los subrrallados y las negritas están en el acuerdo). Yo creo que cuando el quejoso leyó eso sintió que la juez se burlaba de él. Con ironía pudo responder “no, señoría, me refiero al Congreso de la Unión integrado por el Ejército y la Armada”. 

Mas allá de lo irrisorio del requerimiento, lo cierto es que la juez lo hizo para ver si lograba que el quejoso omitía responder o se equivocara en su respuesta. De esa forma, la juez ganaría un egreso, un valioso número estadístico. 

En la medida en que el quejoso pierda, el juez gana. Esa es una lógica perversa. El juez y el quejoso son contrincantes. Esto no se resuelve con reformas a la ley. Se resuelve con un cambio en la cultura judicial.